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Se secó el árbol de las tres raíces

Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Ya se cayó el arbolito donde
dormía el pavo real
Ahora dormirá en el suelo
Ahora dormirá en el suelo
Ahora dormirá en el suelo
como cualquier animal.

Canción mexicana

Mao tiene su libro rojo, Gadafi su libro verde, Petete su libro gordo, y el ahora relegado Comandante Eterno tuvo que conformarse con un Libro Azul –hubiese sin ambages preferido que fuera rojo–rojito. En el texto del ideólogo del socialismo del siglo XXI encontramos un capítulo que tenía como objetivo adoctrinar a los integrantes de los llamados Círculos bolivarianos. donde  se afirma que el proyecto liderado por Hugo Chávez tuvo su sustentación filosófica en el llamado árbol de las tres raíces, que se nutre del pensamiento y acción de tres grandes revolucionarios venezolanos: Simón Rodríguez, Simón Bolívar y Ezequiel Zamora. Chávez señaló que el carácter bolivariano del proceso sedicioso era:

Una necesidad imperiosa para todos los venezolanos, para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente. Rebuscar atrás, en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este terrible laberinto en que estamos todos… Así estamos los venezolanos hoy, tenemos que mirar el pasado para tratar de desentrañar los misterios del futuro, de resolver las fórmulas para solucionar el gran drama venezolano de hoy.

Tres raíces que provienen del ideario de los inspiradores del movimiento militar insurgente MBR-200, integran el proyecto:

Simón Rodríguez: Sus planteamientos sobre la necesidad de una educación inclusiva y una formación republicana crítica, son ampliamente recogidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, además sustentaron las misiones educativas creadas por Chávez, con la Robinson como abanderada, alias de Rodríguez, se inspiraron en sus ideales de ciudadanía plena, a objeto de garantizar que ni un solo venezolano se quedara al margen de los procesos educativos. Los simoncitos, las escuelas y liceos bolivarianos son también derivación de la concepción robinsoniana del proceso educativo.

Simón Bolívar: Sin dudas es la cepa principal del árbol de las tres raíces. Sus gestas independentistas y sus conquistas políticas constituyen uno de los grandes legados de la historia latinoamericana y universal, hacen que en él se conjuguen todas las virtudes del auténtico revolucionario:  el gran militar y estratega, el líder inigualable, el pensador social y el estadista, tan admirado y emulado por el Eterno. A su vez, en criterio de los bolivarianos, su ideario convoca también a los pueblos de América Latina a luchar juntos por nuestra segunda independencia y por una integración solidaria, para hacer realidad sus sueños, que son también los nuestros.

 Ezequiel Zamora: El llamado General del pueblo soberano retomó la bandera de Bolívar treinta años después de la muerte del Libertador, enfrentándose en armas contra la oligarquía, su pensamiento y acción representan el último bulbo del árbol de las tres raíces. La principal bandera de lucha de Ezequiel Zamora fue la redistribución de la tierra y la dignificación de los campesinos.  Las luchas que lideró, bajo la consigna de Tierras y Hombres Libres, encontraron un apoyo masivo en los habitantes del campo. Su defensa de la dignidad de los campesinos y su arroje libertario hacen de él una fuente permanente de inspiración revolucionaria para los bolivarianos.

Más de veinte años después de concebido en los idealistas laboratorios de la sedición, el árbol de las tres raíces se secó, regado con sangre y abonado con miseria, lentamente se fue olvidando, cegando: no floreció ni retoño, ningún fruto dio…nadie en su sano juicio quiere saber de él y de la destructora utopía que bajo sus ramas socialistas cobijó.

Sus creadores y abonadores, -además de ser acusados de arboricidas-, ingresaron a la funesta, ominosa, siniestra, lista de los señalados como criminales de lesa humanidad.

Parafraseando al poeta español Enrique Gracia Trinidad rogamos; ¡SEÑOR NO LOS PERDONES…SI SABÍAN LO QUE HACÍAN! 

por Enrique Viloria Vera