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Trocha

«Trocha, le aclararíamos a nuestros imaginados suecos, no es un país, es el nombre que damos a caminos clandestinos. Por ellos sale contrabando de extracción, como el de gasolina, bajo la mirada de autoridades del orden público, e ingresan, con la misma anuencia, bandoleros colombianos del ELN a extraer oro y a secuestrar inocentes.»

El Ministro del Interior, rodeado de uniformados, exclamó “¡Hemos declarado la guerra a los trocheros!… ¡todo el país a incorporarse a esta gran jornada de denunciar al trochero!”. Por su parte, las entidades estratégicas militares desplegaron recursos de información e inteligencia para contener a estos “bioterroristas”, nuevos enemigos de la patria.

Tan bélicas declaraciones remedan el casus belli que invocaría un país ante una demostrada amenaza extranjera que pusiera en peligro la vida de sus ciudadanos. Por ello, podemos imaginar que cuando tales declaraciones recorrieron el mundo esta semana, y las publicó, por ejemplo, un periódico como el Daglig Sverige de Estocolmo, los ciudadanos suecos, intrigados, se preguntaron, ¿Cual será el gentilicio de los “trocheros”, esos individuos que amenazan a la pacifica Venezuela…? En las tertulias de los concurridos bares de Gamia Stan, entre tragos de aquavit, seguramente se discutió el tema y, por lógica, se concluiría que Trocha sería el nombre del país agresor…

A esa lectura se presta tan entrópica declaración de guerra, de estilo brutal, que los de acá sabemos no es más que una nueva manifestación de menosprecio del régimen por los padecimientos de sus conciudadanos.

Trocha, le aclararíamos a nuestros imaginados suecos, no es un país, es el nombre que damos a caminos clandestinos. Por ellos sale contrabando de extracción, como el de gasolina, bajo la mirada de autoridades del orden público, e ingresan, con la misma anuencia, bandoleros colombianos del ELN a extraer oro y a secuestrar inocentes. Hoy, venezolanos aventados al extranjero por la miseria imperante, ante la pandemia que les imposibilita hacer vida en países vecinos, y negado el obligatorio apoyo del Estado venezolano para permitirles un retorno digno y sanitario a sus hogares, optan por tomar la Trocha, que es verde para delitos de diverso orden, pero que para ellos, yerma y penosa, está ahora sembrada de miedo, porque la insania gobernante les ha “declarado la guerra”.

por Ramón Peña