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Insulto y más insulto

«En Salamanca, Ciudad de los Saberes, de boca de algunos cubanos amigos aprendí el significado de ser un comemierda:
Persona que es considerada despreciable.» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Hasta en la misma Biblia no faltan las buenas raciones de insultos: cuando Saúl, el primer rey de Israel, se entera de que su hijo Jonatán apoya a su rival David como nuevo candidato al trono, lo llama: «¡hijo de una perdida!». A su propio hijo, lo que, a su vez, convertiría al propio Saúl en algo designado por otro insulto también muy popular: la mentada de madre.

La anatomía del insulto y la palabra malsonante es un campo que no ha escapado a la investigación de lingüistas y psicólogos. Incluso ha llegado a contar con su propia revista académica, Maledictathe International Journal of Verbal Aggression, publicada por el lingüista e ingeniero alemán Reinhold Aman, quien concede la medalla de oro de la boca más sucia a Hungría, los húngaros son los autores de la expresión más subida de tono que ha conocido a lo largo de su carrera.  Maldiciones menos cargadas, pero igualmente elaboradas, se encuentran en culturas como la árabe: «¡que las pulgas de mil camellos invadan tus sobacos!». O en la hebrea: «¡que heredes una mansión con mil habitaciones, y cada habitación con mil camas, y que el cólera te lleve de una cama a otra!».

Según Aman, hay lenguas con un repertorio más amplio: «A mi mejor entender, el yiddish (judeo-alemán) tiene más insultos que ningún otro idioma. ¿Por qué? Porque el yiddish tiene cuatro fuentes de insultos: alemán, hebreo, arameo y las lenguas eslavas, sobre todo polaco y ruso».

El estudio, publicado en la revista International Journal of Intercultural Relations, recopiló un total de unas 12.000 expresiones, que los investigadores distribuyeron en 16 categorías, las diferencias culturales saltan a la vista: los croatas evocan sobre todo los genitales masculinos, mientras que en Francia son los femeninos y en Holanda tanto unos como otros. Estadounidenses y alemanes favorecen las referencias anales, mientras que en España, Italia y Grecia se prefiere atacar las facultades mentales del interlocutor. Curiosamente los más místicos son los noruegos, que insultan con variaciones del término «demonio»; los más comedidos, los polacos, que según tienen un repertorio más limitado y se limitan a subrayar la falta de cultura de su agresor o su origen campesino. En España, los insultos más utilizados son imbécil, subnormal, idiota, gilipollas, tonto, estúpido, maleducado, capullo y cabrón (o cabrona).

En Salamanca, Ciudad de los Saberes, de boca de algunos cubanos amigos aprendí el significado de ser un comemierda:

Persona que es considerada despreciable.

por Enrique Viloria Vera

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