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Bernie

«Desconociendo la trágica realidad de Venezuela y contrario al apoyo bipartisano a las acciones para la liberación del país de la dictadura castromadurista, el senador Sanders se opone agitando como razonamiento “el largo historial de Estados Unidos derrocando gobiernos bajo la llamada doctrina Monroe”». Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor, Drew Angerer/Getty Images (c)

En cualquier país democrático la edad avanzada de un aspirante a gobernar no es necesariamente un factor crítico para considerar su aptitud para el cargo. Abundan los ejemplos de estadistas que con bastantes almanaques a cuestas han dejado huellas ejemplares por la claridad y determinación de sus ideas en la conducción del Estado. Citemos dos. Georges Clemenceau, con su firmeza y desafío a las vacilaciones de muchos, fue artífice del triunfo de Francia sobre Alemania en la Primera Guerra Mundial, tenía 77 años. Konrad Adenauer, con un claro discernimiento de la realidad, luego del desastre causado por el nazismo en su país y en el mundo, dirigió el prodigio del renacimiento material e institucional de Alemania, tenía 75 años cuando asumió la jefatura de Gobierno.

Una cualidad esencial a demostrar cuando se alcanzan estas edades y se aspira a gobernar, es entender, aceptar e interpretar la evolución de las cosas, su estado real actual y considerar el pasado solo como fuente de lecciones pero admitiendo su vencida vigencia. Pero no siempre los añosos aspirantes al poder llenan estos requisitos.

Estas consideraciones surgen al observar al candidato demócrata a la Presidencia de  EE.UU., Bernie Sanders, en su postura frente a las relaciones de su país y Venezuela. Desconociendo la trágica realidad de Venezuela y contrario al apoyo bipartisano a las acciones para la liberación del país de la dictadura castromadurista, el senador Sanders se opone agitando como razonamiento “el largo historial de Estados Unidos derrocando gobiernos bajo la llamada doctrina Monroe”.

Anacrónico reduccionismo del senador que ancla su argumento a los tiempos de Teodoro Roosevelt o Dwight Eisenhower. A la naturaleza de aquellas intervenciones imperialistas, desechando las implicaciones terroristas y delictivas de la dictadura venezolana para todo el hemisferio. Anotemos que tampoco lucen deslices de ancianidad, porque conocidas son sus simpatías políticas y personales por la antigua URSS y la dictadura de Nicaragua, entre otras aficiones.

por Ramón Peña