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Provea, Zapatero y Francisco

“La tortura como castigo ‘ejemplarizante’, se ha institucionalizado y forma parte del repertorio represivo empleado por la dictadura de Maduro. Se cita como emblemática la muerte a golpes del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, prisionero de la Dirección General de Contrainteligencia Militar.» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

El informe 2019 del Programa Venezolano de Educación-Acción de Derechos Humanos (Provea) revela que, en medio del deterioro de la calidad de vida del venezolano y la extinción del Estado de Derecho, la tortura  ya es práctica generalizada en cárceles y centros de detención. Víctimas de este procedimiento diario son presos civiles y militares. Se registraron 574 casos durante el año. Agrega el informe: “La tortura como castigo ‘ejemplarizante’, se ha institucionalizado y forma parte del repertorio represivo empleado por la dictadura de Maduro”. Se cita como emblemática la muerte a golpes del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, prisionero de la Dirección General de Contrainteligencia Militar. El conmovedor informe se suma a la larga lista de abusos denunciados por la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU durante ese mismo año.

Esta semana, el pretendido mediador Rodríguez Zapatero, declaraba que en Venezuela lo que  ocurre es que “como en otros muchos países hay dos sectores, muy divididos, que tienen una lectura diferente de la historia, por lo cual no hay que ponerse de uno u otro lado”. Es su socarrona apreciación luego de “38 visitas a Venezuela“ pagadas por la dictadura.

En infortunada coincidencia con el adocenado Zapatero, el Papa Francisco, sentenció el pasado viernes que “la Iglesia católica no se alinea con una u otra parte”, lo que hay que hacer es “rezar por todos los venezolanos que sufren”. No es sorpresa esta esquiva postura de Berdoglio. Evoca su visita a Cuba en 2015 cuando rehusó reunirse con quienes sufren los rigores de la satrapía castrista. Pero no se ahorró visitar al patriarca Fidel.

Afortunadamente, nuestros curas, y su máxima representación, la Conferencia Episcopal Venezolana, sí han tomado partido y lo hacen en defensa de la justicia y la libertad. Su valiente y perseverante prédica democrática les ha ganado la admiración y el respeto de los venezolanos.

por Ramón Peña