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El fantasma de la desigualdad

«Apuntalados por la solidez de la economía chilena, el Estado, las élites de poder y los partidos democráticos, están en posición de emprender un proceso gradual hacia una economía de bienestar, hasta ahora excluida de la exitosa carrera de crecimiento económico.» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Según el Coeficiente de Gini, ese instrumento de dispersión estadística que mide la distribución del ingreso entre ciudadanos, Chile es hoy una de las 10 sociedades con mayor desigual en el mundo. No obstante, no se trata de un fenómeno reciente atribuible al actual gobierno conservador. La grieta chilena entre ricos y pobres es ancestral y se manifiesta, también notoriamente, en la relación humana entre sus distintas clases sociales. Durante los 15 años de dictadura de derecha pudo haber ocurrido alguna acentuación de la brecha  como producto de las privatizaciones. Pero desde la vuelta a la democracia y durante veinticuatro años, la concertación de partidos de centro-izquierda, incluidas organizaciones de extrema izquierda, ha gobernado en Chile y, evidentemente, muy poco hicieron para moderar la inequidad existente.

Chile cuenta con la renta per cápita más alta de Latinoamérica, redujo la pobreza de 39% a 10% en treinta años y tiene el mejor indice de desarrollo humano. Pero es palpable que el crecimiento económico no es panacea para las desigualdades sociales. Más aun, con esos atributos de país rico, las expectativas de ascenso económico y social son mayores que en un país pobre y profundizan la percepción de desigualdad en los más vulnerables. Una condición subjetiva que propende al desborde social, sin dirección política, como lo han demostrado los hechos. No ignoramos, por supuesto, las orquestadas acciones vandálicas de facciones, locales o externas, atentas a agudizar estas reacciones con sentido desestabilizador del orden institucional.

Apuntalados por la solidez de la economía chilena,  el Estado, las élites de poder y los partidos democráticos, están en posición de emprender un proceso gradual hacia una economía de bienestar, hasta ahora excluida de la exitosa carrera de crecimiento económico. 

La desigualdad tiene cura. Lo que no tiene solución es el igualitarismo arruinador, como el de quienes desvergonzadamente festejan lo acontecido en Chile.

por Ramón Peña

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