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Desolación, comunismo y muerte

«Si el pueblo, ese que no se da por vencido, que no quiere esta paupérrima patria comunista de los chavistas y maduristas, ni la miseria que ellos representan, sigue luchando masiva, contundente e inteligentemente en las calles..» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

El difunto Presidente Chávez colocó en la boca de sus seguidores este lema importado del comunismo cubano: “Patria, Socialismo o Muerte”. A estas alturas de la tragedia que como legado le dejó a su hijo, la oveja negra de la familia chavista, y profundizada con sus omisiones de gobernante que atendiera efectivamente a los más pobres, supuestamente los privilegiados del régimen, podemos decir que el lema del comandante supremo embustero se ha convertido en “Desolación, Comunismo y Muerte”. Veamos.

La Patria, comunidad para que una población viva en el bien común, sin distingo alguno, con la mayor prosperidad material, intelectual y moral, en un territorio regido por autoridades que dan estricto cumplimiento al ordenamiento jurídico, está vuelta añicos. Nada que la describa en su auténtico concepto existe. Es una patria demolida, acabada en su bases éticas, en la honestidad de la función pública, quebrada financieramente, entregada e hipotecada a los cubanos y chinos, y cuya distribución de su riqueza en nada ha llegado a ningún sector de la población, que no sea la élite de un gobierno corrupto e inepto en atender las necesidades básicas sociales. Venezuela está a punto de desaparecer, porque en las estadísticas más vergonzosas que puede calificar el deterioro de una nación, un nacionalismo y centralismo depredador la puso a encabezarlas y acabando no sólo con toda la institucionalidad, sino también con la dignidad más elemental de la persona, que implica el respeto y reconocimiento a vivir feliz y con aspiraciones de surgimiento. La cacareada patria de Chávez se convirtió en la desolación de Maduro.

El socialismo del siglo XXI pregonó, chorreando babas, que el pueblo no sólo iba a gobernar y ser el protagonista y soberano en la conducción de su destino. Las misiones eran las banderas donde el pueblo sería consentido con vivienda, seguridad alimentaria, trabajo, educación, salud en los barrios y otras tantas promesas demagógicas. Lejos de ello, el pueblo pobre ahora es miserable, y muere de mengua en los contenedores de la basura. La propiedad privada, de libre uso, disfrute, goce y disposición, no existe en este socialismo. Y aquél que tenga un negocio, un bien mueble o inmueble que ha ganado con el fruto de su trabajo, y no atienda a los chantajes de ese mentado socialismo, es robado, saqueado o expropiado para que finalmente esa propiedad pase a engrosar el cementerio de industrias y empresas chatarras en que las convierten unos pseudo gerentes al servicio del régimen. De tal manera que este socialismo, que niega todos los derechos humanos, que se aprovecha de la ignorancia del pueblo para aferrarse al poder indefinidamente y que ultraja la Constitución, instaurando sus propias reglas de conveniencia, es en realidad un comunismo, de lo más rancio y dañino que se puede encontrar en el concurso de las naciones civilizadas del mundo.

En cuanto a la muerte, con el ilegítimo que en Miraflores aún permanece en el cargo, y que hace rato abandonó por desatender todas sus obligaciones y competencias constitucionales, la predicción del ocupante del Cuartel de la Montaña se ha cumplido cual asombroso paralelismo de Nostradamus. Este gobierno represor y asesino no le importa ni siquiera el derecho más fundamental que es la vida, con el fin de terminar, cual genocidio latinoamericano contemporáneo, con la juventud representante de esperanzas e ilusiones, y para encarcelar en maznmorras y abandonar hasta la agonía a sus disidentes y opositores. Es la muerte y el sacrificio de una población que lucha para sacar a este régimen tirano, que desde hace algunos meses ya luce debilitado en todo el apoyo popular que antes contaba, y que es objeto de los calificativos de antidemocrático y violador de garantías y derechos, por parte de ya bastantes pronunciamientos de países y organismos internacionales.

Si el pueblo, ese que no se da por vencido, que no quiere esta paupérrima patria comunista de los chavistas y maduristas, ni la miseria que ellos representan, sigue luchando masiva, contundente e inteligentemente en las calles, tendremos seguro de nuevo la alegría de vivir con decencia, tranquilidad y oportunidades de crecimiento.

por Isaac Villamizar