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Qué se debe enseñar

«Hay que enseñarles a vivir con pasión, con inteligencia emocional, a experimentar, a sentir, a aplicar la inteligencia en cada percepción.» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

La enseñanza-aprendizaje nos ayuda a comprender el mundo y adaptarnos a él en diferentes circunstancias que nos coloca la existencia. Las ciencias, duras, exactas y sociales nos permiten entender los fenómenos de la naturaleza y de los descubrimientos, de las innovaciones y de los avances tecnológicos. También facilitan obtener habilidades y destrezas para profesionalizarnos y prestar un servicio a nuestros semejantes.

Pero creo que un niño, en edad ya con entendimiento, uso de razón y sentido común, debe aprender otros aspectos, tan fundamentales en su recorrido existencial como aquellas leyes y principios científicos. A los pequeños hay que enseñarles que cada etapa de su vida tiene un sentido, un encanto, y hay que disfrutarlos. Hay que enseñarles que ese propósito de ser feliz no es un horizonte, una meta, sino un deleite que hay que reconocer en cada momento, en cada instante, en cada alegría e incluso en cada sinsabor. La felicidad no depende de la suma de los eventos, sino de lo que hacemos de esos eventos. Hay que enseñarles a vivir con pasión, con inteligencia emocional, a experimentar, a sentir, a aplicar la inteligencia en cada percepción. A los niños y jóvenes hay que orientarles para que ellos mismos vayan descubriendo que la formación no es sólo en matemáticas, química, geografía o castellano. Yo creo que lo primordial es enseñarlos a pensar, para adquirir la prudencia, la previsión y la habilidad para enfrentar los problemas. Hay que enseñarles que si se piensa bien, se puede adquirir actitudes proactivas. Y ello nos lleva a sentirnos bien y a ser felices en nuestra actuación, con cada cosa que se hace.

Deberíamos enseñarles a los niños y jóvenes a tener una actividad biopsicosocial sana, a ser pacientes, a poner todo el esfuerzo para conseguir lo que nos gusta, a ser tolerantes y receptivos a la pluralidad, a buscar la seguridad, a tener malicia ante la envidia, la maldad y la pretensión del daño, sin dejar de valorar las buenas amistades, a asumir riesgos con desbordante energía, aceptando responsabilidades y reconociendo los errores.

Deberíamos enseñarles que las cosas pequeñas, sencillas, espirituales, valen mucho, más que las materiales. Deberíamos enseñarles que hay un conglomerado cercano, sincero, lleno de tanto afecto y dispuesto a ayudarnos incondicionalmente como lo es la familia.

Estos temas deberían ser incorporados y normados como de obligatoria práctica en los diseños curriculares y reforzados en el seno del hogar y de la interacción social.

¿Por qué estamos aquí? ¿Qué deberíamos estar haciendo? ¿Qué importa lo que yo siento y hago? En verdad las respuestas de estas interrogantes esenciales están en cada quien. Nadie las puede responder por cada uno. Pero se nos ha dado la vida, y tenemos la oportunidad de definirla y darle un alcance con base a los trazos que cada persona va formando en su mapa.

por Isaac Villamizar