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Una nueva utopía

"El debate y el conflicto son inevitables hacia la maduración de una nueva convicción mayoritaria y la producción de una nueva realidad." Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor, J Dolio©
«El debate y el conflicto son inevitables hacia la maduración de una nueva convicción mayoritaria y la producción de una nueva realidad.» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor, J Dolio©

Fue tan inmensa la alegría, que se desbordaron masivamente las calles, avenidas, ciudades, poblaciones y campos de Venezuela, para exigir que no aceptamos a un narco-gobierno, a un narco-estado. Pero no. Lamentablemente eso no es la que ha sucedido. Estando confesos y declarados culpables por la justicia estadounidense (justicia de la que carecemos en forma imparcial y apolítica en Venezuela) los famosos enjuiciados del entorno presidencial, lo menos que podía haber sucedido es que rechazáramos en forma contundente un poder ilegítimo, ya no sólo porque ha vulnerado las disposiciones constitucionales y legales, para sostenerse abusivamente en el poder, en forma de tiranía, sino ilegítimo también porque en nada representa los valores de los venezolanos de bien, los principios fundamentales de la transparencia, de la honestidad, de la ética, del buen actuar, de la pulcritud en el manejo del erario público que debe caracterizar cualquier gestión pública.

Pero esta anomia que inunda la acción del venezolano no es nueva. Desde los tiempos de Walid Makled y Antonini Wilson tuvo que suceder una rebeldía masiva para oponernos a dejar que siguiera gobernando una cúpula totalmente podrida e irrecuperable, que ha permanecido con la mayor impunidad en la comisión de sus desafueros. Criticamos a la sociedad norteamericana a raíz de la elección de Trump, pero le damos la vuelta a nuestro espejo y nos hacemos de la vista gorda. Posiblemente estamos regresando a eso que la sociología llama el ciclo de las sociedades, y más específicamente, lo que Wilfredo Pareto describió como el paso de la élite del poder de los zorros astutos, calculadores y materialistas, dedicados más a mantenerse en el poder que a atender las demandas de los ciudadanos, a los leones violentos, empecinados y burócratas, dispuestos a negociar y manipular. Lo único que alcanzamos a realizar es la construcción de trending topics para hacer bulla digital, a la que el oficialismo contrarresta con menciones absurdas para justificar lo injustificable. La decencia, el pudor, la honradez, la moral están totalmente ausentes en una necesaria repulsión del venezolano por esta infección social y política.

El pueblo de bravo se volvió manso. Se dejó atrapar por el yugo. El respeto por la ley es una utopía. Y la virtud y honor son vocablos cascarones. No hay quien dé el ejemplo, ni la capital ni otro rincón del país. ¿Por qué nos hemos dejado enajenar? ¿Por qué vivimos y actuamos fuera de nosotros mismos? La respuesta la tomo del padre Luis Ugalde, reproducida en su obra “Utopía Política”. La utopía debe ser una herramienta de aliento para el cambio, para construir exitosamente alternativas deseadas, con profunda convicción de su requerimiento. Hoy la utopía habita en la casa de los políticos como un fantasma que desborda cualquier ilusión. Ella, entonces, debe alimentar movimientos sociales con el objeto de romper todas las cadenas. Si queremos aspirar a otro país, primero debemos arreglarnos nosotros mismos.

Es inevitable interiorizar una plena y autentica convicción de que otro mundo es mejor y posible. El padre Ugalde señala que puede tomar la forma de invitación a una revolución moral. Es precisa la radical afirmación de los derechos de todo ser humano por el mero hecho de serlo, con el propósito de mantener el avance moral de los venezolanos. El debate y el conflicto son inevitables hacia la maduración de una nueva convicción mayoritaria y la producción de una nueva realidad. La solución, entonces, no es abandonar la utopía, sino rescatarla como inspiración para construir una sociedad con proyectos viables de cambio, con efectivos logros de libertad, de justicia social y de bienestar integral. Y, como siempre lo afirmo, esa utopía la vamos a edificar desde la familia y la educación, pilares de la Venezuela posible, que todos nos merecemos.

Isaac Villamizar