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Mi felicidad la determino yo

"Yo no me rindo. Mi felicidad y la de mi familia no la va a determinar estos seudo gobernantes." Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
«Yo no me rindo. Mi felicidad y la de mi familia no la va a determinar estos seudo gobernantes.» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

El venezolano no vive feliz, aunque vive. Es decir, respira entrecortado, come mal y algo duerme, pero no es feliz. Porque estar en permanente estado de angustia, de desesperación, de tensión, de irritación, es como si no valiera la pena vivir. Porque la vida hay que vivirla, pero vivirla bien, tal como lo asienta Carlos Saúl Rodríguez.

El ser humano vino al mundo ciertamente con condicionamientos, heredados o adquiridos por los diversos factores que le van influenciando. Pero quien es inteligente en su actitud aprende a superar obstáculos, problemas, así como aceptar lo que no se no puede cambiar, a adaptarse a las circunstancias para proseguir, aunque las contrariedades nunca falten. La vida no es una carrera para llegar a una meta, aunque hay un final, que representa la muerte, nunca predecible, pero siempre delante e inevitable. La vida es para disfrutar de cada momento, de cada instante, de cada respiro, de cada pulsación, porque no hay otra, y esta vida es la que tenemos en esta generación, en estos tiempos y en esta etapa de la historia de la humanidad, no en otra. Pudimos haber tenido existencia en el pasado o en el futuro, pero estamos aquí y ahora y lo que cuenta es el presente, sobre el que podemos actuar o sobre el que podemos adaptarnos.

Entonces resulta que eso del “buen vivir”, lema del gobierno, es pura paja actualmente en Venezuela. ¿Quién puede tener buen vivir, con asaltos, robos, agresiones físicas y verbales, escasez, colas permanentes, desempleo, alto costo de aquellos productos básicos que poco se consiguen y de paso escuchando una perorata continua, sin fin, de cinismo, mentiras y medidas ineficaces y cada vez más torpes?

Eso de “Venezuela ahora es de todos”, “Viviremos y venceremos”, “Los venezolanos somos los que consumimos en el mundo el mayor número de alimentos y medicinas per cápita”; “Venezuela puede alimentar a tres países enteros”; “Para nosotros no hay escasez. Para nosotros lo que hay es amor, es patria”; “Antes teníamos supermercados llenos y neveras vacías, hoy tenemos supermercados que se desabastecen rápidamente y neveras y despensas llenos de comida”; “Así, así, así es que se gobierna”; “Patriotas unidos sabemos vencer”; aparte de ser una estrategia goebbeliana, es la muestra más palpable del cascarón vacío de verdadera dicha, felicidad y bienestar que muestra y ofrece este gobierno. Tal vez los lemas “Chávez vive, la lucha sigue” y “Chávez vive, la patria sigue”, por ser parcialmente ciertos, se podrían transformar, atendiendo al sentimiento que realmente tiene la gran mayoría del país, en “Chávez murió y la patria sucumbió”.

Ante tal desasosiego, hambre y trasnocho, palpables en las calles y casas de los venezolanos comunes, no queda otra sino asumir una actitud de perseverancia, de tomar la actitud abierta a los cambios favorables y necesarios que vendrán más temprano que tarde. Es en las caídas, en las tragedias, en los problemas y en las crisis, donde aparecen las grandes oportunidades y los retos que nos hacen ver nuestras potencialidades. Apostemos a ello. Yo pregono el dicho popular de “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Yo me anoto en la lista por la consecución de la auténtica prosperidad, la que nos merecemos, pero sin esta farsa de socialismo-comunismo que será aplastado por el mismo pueblo que creyó en él y lo que obtuvo fue el más pavoroso engaño. Yo no me rindo. Mi felicidad y la de mi familia no la va a determinar estos seudo gobernantes. Yo voy a seguir trabajando, desde mi aporte reflexivo, profesional, comunicacional y educacional, por el bienestar integral, ese estado que se logra cuando existe equilibrio entre los factores biológicos, físicos, mentales, emocionales, espirituales y sociales, que me hacen crecer como persona, así como a mi familia. Y tengo el pálpito que la mayoría pronto alcanzará lo mismo.

Isaac Villamizar