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Chávez estaría avergonzado

Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor Rayma©
Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor Rayma©

En la Constitución vigente que Chávez impuso sobre la moribunda, en su exposición de motivos, está lo que el difunto no se cansaba de repetir en sus interminables cadenas y en cualquier escenario donde su verborrea era incontenible. Él le dijo a todos los venezolanos, y en especial a sus adeptos, que con esta Carta Magna –que agitaba frente a las cámaras en su formato de bolsillo- y en su llamada Quinta República el pueblo era el que mandaba, era el dueño de la soberanía, era el empoderado y era el titular de la democracia participativa y protagónica. La motivación de la Constitución, efectivamente, propugna que en ella se consagra ampliamente el derecho a la participación en los asuntos políticos de los ciudadanos. Este derecho, prosigue la motivación constitucional, no queda circunscrito al sufragio, pues entendido en sentido amplio, abarca la participación del pueblo en el proceso de formación, ejecución y control de la gestión pública. Y se agrega, para rematar con broche de oro, que “como contrapartida el Estado y la sociedad deben facilitar la apertura de estos espacios para que la participación ciudadana, así concebida, se pueda materializar.”

Si Chávez pudiera hablar, tal vez expresaría, vivito y coleando, su vergüenza de lo que han hecho sus legatarios con esa democracia participativa y protagónica. Quizás estaría arrepentido de haber entregado el testigo presidencial a Maduro, porque éste ha convertido al país en la mayor miseria y tragedia, muy lejana a aquello de que “Venezuela ahora es de todos”. Y tal vez le soltaría algún regaño, de aquellos célebres, a Tibisay Lucena y a Gladys Gutiérrez, junto con sus camaradas de oficina, por hacer nugatoria la auténtica intervención del pueblo en el ejercicio de sus derechos políticos, al colocarle las más intrincadas alcabalas al revocatorio presidencial, genuina expresión de la soberanía popular y de la democracia participativa. Porque Chávez, al culminar el proceso referendario de su mandato en el 2004, que ganó con el 59,1%, se declaró propulsor y defensor del revocatorio. Es más expresamente dijo que “una vez transcurrida la mitad del mandato siempre me ha parecido que el pueblo debe juzgar a sus gobernantes, debe someterlos a una evaluación, para que un pueblo sepa si ese representante está cumpliendo o le ha dado la espalda.”

El Artículo 5 de la Constitución establece que los órganos del estado emanan de la soberanía y a ella deben someterse. Pero en Venezuela ocurre lo contrario, porque los poderes ejecutivo, judicial y electoral pretenden que la voluntad de los electores soberanos se someta a las triquiñuelas de ellos. Falta camino por recorrer. Los lapsos para activar definitivamente el revocatorio suman 220 días máximo, de acuerdo las normas emanadas del CNE en el 2007, vigentes en la materia. ¿Qué hay por delante una vez validado el respaldo a la solicitud con la huella biométrica?. El CNE debe verificar, en 20 días hábiles, si se alcanzó esa validación, y en caso afirmativo, queda constituida la agrupación de ciudadanos para solicitar el Referendo Revocatorio Presidencial. Posteriormente vendrá la fase de solicitud de apertura de procedimiento y convocatoria del referendo, que suma un total de 55 días. En este paso se requiere alcanzar el 20 % de manifestaciones de voluntad de los inscritos en el Registro Electoral, según el Artículo 72 constitucional (la data del corte del RE de enero de 2016 es de 19 millones 797 mil 764 electores, siendo el 20% 3.959.554). De ser así, el CNE en un lapso de tres (3) días continuos deberá convocar el Referendo Revocatorio Presidencial. Convocado el Referendo Revocatorio Presidencial, el CNE dispone de un lapso máximo de noventa (90) días continuos para la realización del mismo. Según las estimaciones, entonces, el referendo debería realizarse a finales de noviembre o principios de diciembre de 2016.

Pero resulta que este CNE, que quiere limitar nuestra soberanía expresada pública, notoria y masivamente en la voluntad popular de revocar a Maduro, va a seguir con sus artimañas de obstaculizarlo, no sin dejar por fuera el comodín de la poca docta Sala Constitucional del TSJ, que podría, como ya es costumbre, convertirse en reformadora de la Constitución, para definitivamente impedir que se realice en tiempo hábil, el necesario para que haya una nueva elección presidencial post referendo.

No seamos ingenuos. El proceso va a continuar lento y van a tratar de hacerle perder la paciencia al pueblo que, mientras tanto, sigue hambriento, en largas colas, desesperado sin alimentos y medicinas, y escuchando las mayores sandeces oficiales de un gobierno que, ya casi ahogado, saca la mano a ver de qué medida inepta se agarra en frustrada esperanza. Que la voluntad popular sea la que realmente mande y si va mandar que escoja lo que mejor convenga a la Venezuela que desea a gritos recuperar su bienestar físico, psíquico y moral.

Isaac Villamizar

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