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Llenar la barriga y cumplir la ley

"..es impostergable prescindir de este seudo gobierno que, junto con ser comunista causante del hambre, se declaró dictador desde hace rato." Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
«..es impostergable prescindir de este seudo gobierno que, junto con ser comunista causante del hambre, se declaró dictador desde hace rato.» Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Lo prioritario, en medio de este desastre que vive el país, es el cambio de gobierno. De eso no hay duda. Es lo esencial. Es lo que reclama el 80 % de venezolanos descontentos que sufren tanta ineptitud, tanta tiranía y tanta ansia demoledora de permanecer Maduro y sus pocos adeptos en el poder, a costa de lo que sea. Ya se nota la presión de esa olla social que está a punto de explotar. Hay madres que no pueden alimentar a sus bebés como es debido. Hay padres de familia cuyos ingresos no cubren las necesidades esenciales y sobreviven con miseria. Los venezolanos, aparte de que no comemos bien y lo poco que se consigue se paga especulativamente, hemos llegado al punto de quitarnos los alimentos de nuestra boca para mitigar el hambre de los hijos. Los recién nacidos se mueren como desechos en los retenes de los contaminados hospitales públicos, sin condiciones ni insumos básicos de asistencia. A los enfermos terminales se les recorta su expectativa de vida porque no hay medicamentos en las farmacias, que parecen ya supermercados bicentenarios con anaqueles llenos de polvo por lo vacío.

Entonces, ciertamente, es impostergable prescindir de este seudo gobierno que, junto con ser comunista causante del hambre, se declaró dictador desde hace rato. La Constitución y sus principios institucionales desaparecieron de la faz de Venezuela. El país, en estos estertores, convulsiona sin Carta Magna. Porque el principio de que Venezuela es un Estado Democrático es pura utopía. Los órganos de los Poderes Ejecutivo, Judicial y Electoral, con sus últimas actuaciones, se dedicaron a burlarse de la soberanía popular, de esa tan cacareada democracia participativa y protagónica de la que tanto baboseaba en cadena el difunto Hugo Chávez y que ha sepultado Maduro, el TSJ y Tibisay Lucena. El principio de que Venezuela es un Estado de Derecho es una quimera. Aparte de que ya la Constitución no es la norma suprema para estos gobernantes, todo el estamento legal, todo el ordenamiento jurídico no tiene significado alguno para ellos. Las leyes están sometidas al poder y no al contrario, como debería ocurrir en un Estado donde impere el estricto cumplimiento de la norma jurídica y la actuación de los poderes sometidos con apego estricto a sus competencias. El principio de que Venezuela es un Estado de Justicia es risible. La Sala Constitucional y la Sala Electoral del TSJ se han dedicado a reformar la Constitución, fuera de los mecanismos que ella misma establece para tal fin, a conveniencia del Poder Ejecutivo, a producir sentencias totalmente violatorias de derechos humanos individuales y colectivos y a utilizar la justicia como instrumento del escaso soporte que tiene el gobierno.

En fin, el Ejecutivo, el TSJ y el CNE han logrado revertir los fines del Derecho. Porque han producido la mayor suma de desorden y anarquía, la mayor suma de mal común, la mayor suma de inseguridad jurídica y la mayor suma de injusticia. Han convertido a toda la nación en la mayor suma de angustia, de infelicidad y de malestar material, moral e intelectual. Invirtieron los fines del Estado contemplados en el Artículo 3 constitucional.

Maduro, violentando todos los principios básicos que la Constitución y la ley de la materia establecen para dictar un Decreto de Estado de Excepción, se rubrica como dictador, y así hasta lo reconocen instancias internacionales a las cuales no se les puede tapar el sol con un dedo. Estos Estados de Excepción, desde los dictados en Táchira y en las entidades fronterizas, pasando por los dos de aplicación nacional de enero y mayo, han sido un rotundo fracaso para hacer retornar la normalidad con medidas serias que enfrenten estructuralmente el deterioro social y económico que carcome los bolsillos y el alma de los venezolanos.

Cuando se restaure la sensatez con ese cambio de gobierno que grita con desespero la gran mayoría, y se vuelva a llenar la barriga y tener el corazón contento, entonces deberemos hacer otro trabajo. Rescatar el respeto hacia la institucionalidad, hacia los principios democráticos, hacia el principio de legalidad, hacia una verdadera separación de poderes, hacia una justicia independiente y oportuna, hacia la inviolabilidad de la Constitución y la ley, como marco inquebrantable de convivencia y relación fructífera. La familia, la educación formal y los medios de comunicación sin censura apoyarán esa resiliencia nacional.

Isaac Villamizar

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