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Redes Sociales censuradas

Nota del Editor:  Imagen tomada de la web sin menoscabo de los derechos de su autor.
Nota del Editor: Imagen tomada de la web sin menoscabo de los derechos de su autor.

El ejercicio de la información ciudadana se ha consolidado con las redes sociales. El propio usuario de ellas se ha convertido en el transmisor de los hechos y de las opiniones que considera necesario difundir en el espacio virtual y en el tiempo real que caracteriza la dinámica de las comunicaciones digitales. Las redes no son paquetes cerrados de información. Su propia estructura y versatilidad las han convertido en ventanas abiertas, públicas y muchas veces síncronas, por medio de las cuales el interesado captura los sucesos, con las características de movilidad que le dan los equipos inteligentes. Esta es la realidad informativa, que fluye en contenidos diversos, sean textos, imágenes, videos, audios y mapas, es decir, la hipermedia como herramienta de comunicación e interacción. Es un modelo de colaboración y convergencia colectiva en las redes, en donde todos sabemos todo. Parece que son pocas las cosas ocultas, aunque las configuraciones de privacidad tratan de colocar un límite en resguardo del honor, de la protección de la mínima intimidad, del ciberacoso y de los delitos informáticos.

Pero los acontecimientos que son públicos, en donde la comunidad real interactúa, reclama, acciona y se comporta como agente social, no pueden ser ocultados por las redes sociales. De alguna forma se hacen virales, se replica sobre ellos, se comparten en la comunidad virtual con una dinámica y aceleración que son sinónimos de inmediatez. Twitter es un medio de actualización donde la interacción se circunscribe a lo que está ocurriendo en tiempo real. Tweets precisos, fulminantes, de impacto instantáneo. Facebook favorece la comunicación más profunda, detallada, con posibilidad de ampliar la opinión. Ambas ya son instrumentos de participación popular en asuntos de interés público y de prácticas saludables de control social o de denuncia de problemas que aquejan a los ciudadanos. Es innegable que las redes sociales son elementos necesarios para las libertades de expresión, de información, de comunicación y de opinión.

En un Estado Constitucional de Derecho no puede considerarse delitos de opinión el activismo virtual que hace el cibernauta en las redes con la captura y divulgación de contenidos e informaciones sobre eventos de su comunidad, con reacciones rápidas ante las emergencias, e incluso con el desarrollo y publicación de su espíritu crítico sobre temas sociales, políticos y económicos, en cuyas notas incluya su comentario personal.

Un Estado que censura al cibernauta en las redes sociales, bloqueando las transmisiones tecnológicas, inhabilitando cuentas, incautando los móviles, obstruyendo la captura de imágenes, es un Estado agresor de la libertad de comunicación, en consecuencia de la democracia popular. Un Estado que sea intolerante y sensible a las críticas en las redes sociales, que con el abuso de su poder punitivo o fáctico las convierte en delitos, es un Estado totalitario. La información de hechos públicos, sea ésta la divulgación de los acontecimientos y hechos tal como ellos ocurren en la esfera del comportamiento social, y la opinión, sea ésta la expresión del parecer, del criterio, del juicio sobre tales aconteceres de dominio notorio, popular, conocido y abierto, nunca podrán ser delitos en una auténtica democracia. La información y la opinión que se suceden en estos contextos reales y que son divulgados en las redes sociales, nunca estarán fuera de la ley. La intromisión penal abusiva del Estado, criminalizando las expresiones y divulgaciones de contenidos en dichas redes, lejos de lograr un pueblo sumiso y temeroso, lo que propicia es la rebeldía natural por la lucha de un derecho esencial para el reconocimiento de la personalidad.

Isaac Villamizar