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Las defensas bajas

Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

No. No me refiero solamente al tema de las epidemias que se propagan por todo el país, aunque el desgobierno se empeñe en negarlo. Me refiero al sistema inmunológico del propio desgobierno, cuyo desgaste, cuya erosión se hace más que evidente, tanto por su conflictividad interna como la creciente percepción de profunda crisis, que entrelaza al 80% de la población venezolana.

Cierto que Maduro no se cansa de perorar. Pero también lo es que se trata de la misma perorata cansona. Una caricatura de la retórica de otros tiempos. Los entendidos en los entresijos del oficialismo, sostienen que Cabello es uno de los pocos que no baja la guardia del activismo, o debería decir de la ambición de sentarse en la silla, que, él piensa, ha debido ser suya. El Aissami, así mismo, luce en campaña por un objetivo similar.

Pero hay muchos ministros, gobernadores y alcaldes que andan fuera del radar de la actividad visible o de los medios. No se sabe si están cansados o prefieren otros menesteres, lo que sí se sabe es que no dan señales de vida pública. Es posible que se sientan fuera de juego o que ya llegaron al llegadero. Y es muy probable que piensen que Maduro no es un acicate sino una rémora para la hegemonía.

Todo lo cual no significa que el oficialismo esté enfermo de muerte y que ya todo sea cuestión de poco tiempo. Ojo con esa idea. Hay que insistir que en la contienda política, las debilidades y fortalezas son relativas, y se tienden a calibrar en comparación con las debilidades y fortalezas de los contrarios. La hegemonía se está debilitando, no hay duda, pero ello no implica automáticamente que la oposición política se esté fortaleciendo.

Y si ésta no se fortalece, entonces la debilidad de aquélla no es tan definitiva como algunos podrían considerar, quizá con más imaginación que evidencia. Obvio, entonces, que las fuerzas democráticas tienen el deber de redoblar sus esfuerzos, de movilizar sus capacidades, de darle consistencia a la participación electoral con la protesta social, con la lucha política en los frentes que expresamente consagra la Constitución.

El oficialismo hegemónico tiene las defensas bajas. La mega-crisis generada por tanta negligencia y tanto dolo es de dimensiones catastróficas. Eso lo saben de sobra en el desgobierno. Por eso la oposición política tiene que luchar con más fuerza. Con más entusiasmo. Con las defensas bien altas.

Fernando Luis Egaña