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Gabinete, gobierno, sistema

Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Todo el mundo en Venezuela habla de cambio. Maduro y los suyos insisten en sacudones y revoluciones, es decir en supuestos cambios al estatus presente. En la acera contraria, también se insiste en el cambio y se lo ofrece de mil maneras. Pero resulta y pasa, que lo único que no hay en Venezuela es cambio para mejor, sino puro continuismo que, en el más leve de los casos, es cambio para peor. Más problemas, más negligencia, más dolo, más crisis.

¿Y por qué ocurre que se hable tanto de cambio y que no haya ningún cambio para bien? Entre otras razones, porque se tiende a ser miope con el tema de cambio. Unos confunden cambio político con cambio de gabinete. Otros con cambio de gobierno, o del (des)gobierno de Maduro. Y el verdadero cambio que hace falta para que puedan mejorar las cosas, es el cambio de sistema: de una hegemonía despótica y depredadora a una democracia constitucional.

En el oficialismo imperante se equivale el cambio con la rotación o enroque de ministros y demás funcionarios principales. Todo lo cual no es sino una caricatura del cambio, y peor, un turbomotor de la crisis, porque los que han sumido a Venezuela en este profundo barranco, no pueden sacarla de él. Es imposible. La parodia de los “anuncios del sacudón” así lo confirma, por enésima vez.

En buena parte de la oposición política se confunde el cambio con el cambio de gobierno. Y la realidad es mucho más compleja, porque el gobierno es sólo una parte de la hegemonía, y si cambiara aquél sin que cambiara ésta, no se habría logrado lo suficiente como para impulsar una nueva y mejor etapa para el país. El problema central no es que fulano o mengano sucedan a Maduro. No. Es que la hegemonía que produce el (des)gobierno de Maduro sea superada.

Se hace necesario un cambio de sistema. Pero con una paradoja, porque el sistema configurado en la Constitución formalmente vigente no es contrario al funcionamiento de la democracia. Debe ser reformado, sin duda, pero no es un sistema anti-democrático. Lo que sucede es que en la práctica se ha venido montando un sistema paralelo a la Constitución que no es democrático sino hegemónico.

Y ese sistema paralelo y anti-constitucional es el que debe ser cambiado –y cambiado a fondo—para que Venezuela pueda tener un destino digno y humano. ¿Y cambiado cómo? Como contempla e incluso como manda la propia Constitución de 1999…

Fernando Luis Egaña

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