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Diálogo enchiquerado

Imagen tomada de la Web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Imagen tomada de la Web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

La hegemonía es ducha en estos menesteres. Todo lo que sea posibilidad de contrapeso lo termina enchiquerando o atascando en un tremedal. Pongamos el caso de la Asamblea Nacional. De aquellas sonoras expectativas de cuando su instalación, por allá en enero de 2011, no queda sino un patio enchiquerado. Un remedo de parlamento que sólo sirve para que la «revolución» proclame que en Venezuela hay un poder legislativo, así sea un adorno de barro. De hecho, mejor si es sólo adorno de barro…

Igual ha ocurrido con el Consejo Federal de Gobierno o con las «iniciativas de diálogo» dirigidas a los alcaldes, o con las llamadas «conferencias de paz económicas» junto a lo que va quedando del sector privado, y en tiempos más recientes con el formato de diálogo político configurado por Unasur. Un estreno de mucha publicidad y luego pasan las semanas y nada. Se realizan algunas reuniones, al parecer se alcanzan algunos acuerdos y nada. Se enchiquera la situación y en medio del contrapunteo de reclamos y acusaciones, todo se va convirtiendo en una especie de magma que impide resultados efectivos.

No es casual que eso ocurra. No podría serlo porque siempre ocurre. Luego se trata de un patrón. Y el proceder tiene que ver con la idea misma de hegemonía. Una hegemonía no comparte el poder ni por tanto acepta que haya otras instancias con capacidad de contrapeso real. La hegemonía que impera en Venezuela, que es una neo-dictadura o una dictadura disfrazada de democracia, se esfuerza y complace en que haya apariencia o disimulo de dinámica democrática. Pero hasta allí. Si llega a surgir la perspectiva de un contra-poder, entonces la hegemonía enreda, embarra, enloda, enchiquera…

Justo lo que ha hecho con el diálogo co-protagonizado con la Mud. La hegemonía consideró que lo necesitaba por razones de imagen internacional y para tratar de apagar las protestas ciudadanas. O más precisamente, para evitar que se transformaran en una espiral generalizada. Es probable que ahora estén considerando que van encaminados hacia esos objetivos, porque han enrollado la alfombra roja del diálogo, y se resisten a aceptar medidas que puedan ser percibidas como logros del petitorio opositor.

Mientras tanto, la represión no amaina sino arrecia. Continúan los inventos de golpe de estado por parte de la hegemonía: el «próximo» sería en junio, fecha rara pero uno imagina que útil para justificar la represión en estos días. Nada de lo cual, por cierto, debería sorprender, porque se trata, repito, de un patrón. Al poder establecido le ha funcionado antes, pero no sabemos si le funcionará en el presente. Esperemos que no. Y esperemos, también, que la plataforma opositora no se deje encallejonar, no se deje encerrar, no se deje enchiquerar.

Fernando Luis Egaña

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