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Mayo de las flores

Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
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Las flores son expresiones de nuestras emociones, sentimientos y estado de ánimo. Con ellas transmitimos simpatía, romance, celebración, orgullo y alegría. Las flores también se utilizan como manifestación religiosa y en algunas creencias se las considera una ruta directa a la comunicación espiritual. Además, muchas especies de flores se utilizan para adorno personal, tanto los pimpollos en sí mismos, como sus esencias bajo la forma de perfumes. Muchas fragancias llevan en sí una nota floral, eso sin contar las flores de uso culinario o las de aplicación medicinal.

A partir del 27 de abril y durante el mes de mayo se celebraban en la religión de la Antigua Roma los ludi florae o florealia, en honor de Flora Máter, la diosa Flora, considerada una de las más antiguas, una de las quince deidades, divinidad de las flores, de la vegetación y de la fertilidad. Había la costumbre de escoger a una joven como reina de la primavera. Además existían justas poéticas. El intento de cristianizar y superar un mundo pagano, posiblemente fue la base para dedicar el mes de mayo a las flores y a María, aunque no haya una razón litúrgica para ello.

Muchas personas ocupan su tiempo en la floricultura, arte y técnica para obtener preciosas flores, para cuidarlas, comercializarlas o simplemente tenerlas como acompañantes. Encuentran en ello una suma satisfacción anímica. La universalidad en su uso y cuido sugiere que el ser humano encuentra en ellas una influencia en su comportamiento socioemocional, una especial energía, y un efecto terapéutico psicológico como pocos, a pesar del esfuerzo y costo que supone su cultivo. Los expertos saben de los efectos de la fotoquímica y de la fotosíntesis, como procesos vitales para las plantas ornamentales. Igualmente, conocen que en mayo, con las lluvias, y la apertura de los capullos, el proceso de autopolinización y el que producen las abejas desde los estambres hasta los estigmas, fecunda los óvulos de la flor. Es la naturaleza ayudando a expresar vida y color.

Yo he tenido la fortuna de conocer jardines preciosos en mis viajes. Todo el Valle de Loira, en Francia, está lleno de orfebrería de jardines en cada poblado que uno encuentra. Las entradas, las redomas, las calles, los faroles, las plazas, están adornados con juegos de las más variadas y artísticas flores, como poco se ve en otra parte de Europa. La Grand Place de Bruselas, en agosto, durante años no bisiestos, se torna en una gigante alfombra de flores, con aproximadamente 700.000 begonias, con diseños diferentes en cada presentación. En Ámsterdam, durante la primavera, recorriendo sus cinco canales semicírculos concéntricos y sus 160 más pequeños, se puede llegar hasta los jardines históricos de Keukenhof, donde más de seis millones de tulipanes, narcisos y jacintos cubren 28 hectáreas. En Yvoire, villa medieval en la frontera entre Suiza y Francia, a orillas del Lago de Ginebra, son famosos los Festivales de flores, que hacen este lugar antiguo un atractivo turístico mundial.

Yo he propuesto públicamente en mi megaproyecto “San Cristóbal, Ciudad Maravilla”, que en las avenidas, plazas, redomas y entradas a la ciudad se diseñen áreas ornamentales y paisajísticas con bella las once, trinitarias, chocolatas, varitas de San José, clavelinas, rosas, gladiolas, pompones amarillos, rosas, campanitas de variados matices, capachos y barbas de león, destacándose alrededor de ellas el nombre del lugar, de la avenida, del sector, escritos con matas de café y en letra cursiva, teniendo como fondo matas de repollito. Creo que haríamos de San Cristóbal, así, el polen de nuestras más vivas emociones.

Isaac Villamizar