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El cielo está en ti

Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Los seres humanos en realidad necesitamos muy poco para estar bien. Todas las personas tienen una gran capacidad para disfrutar de la vida, para hacer proyectos, para divertirse. Continuamente la vida nos coloca ante una decisión. Podemos decir no, y perdernos una gran oportunidad, o podemos decir sí, y abrir horizontes promisorios. Muchas veces nos eximimos de participar en algo positivo porque estamos atados a obligaciones. No puedo ir a esa reunión porque debo cuidar de mi hermanito. ¿Si me voy de paseo o vacaciones, quién le va a dar la comida al perro? Nos encerramos en una jaula mental, porque hay obligaciones que sólo habitan en nuestra mente. Son obligaciones que minimizan nuestra capacidad de disfrutar y que pueden llegar a robarnos todas nuestras potencialidades.

Si no cumplimos con esas obligaciones que nos esclavizan, empezamos a pensar en el juicio de los demás. No deberíamos hacer cosas que no nos gustan hacer. La vida es corta para que estemos atados a obligaciones que nos roban oportunidades. Es posible que si dejamos a un lado esos supuestos deberes, veamos con sorpresa que no pasa nada, el mundo sigue igual, y nadie se molesta. ¡Cuánto tiempo hemos perdido! La gente no debería sentirse comprometida con nadie. Deberíamos gozar de las cosas que nos llenan, que nos nutren, que nos dan alegría, y no amargarnos porque tal vez otro está esperando algo de nosotros que, o no podemos cumplir, o no nos satisface hacer.

Se trata de adoptar una actitud natural, alegre y constructiva en nuestra existencia. No tenemos por qué complacer a los demás como ellos desearían ser complacidos, si ello es una carga para nosotros. Lo más plausible es hacer sencillamente lo que nos apetece de forma honesta. En otras palabras, seremos más felices si lo que hacemos coincide con nuestras propias expectativas que con las expectativas de los demás. La mayoría de las obligaciones proceden de necesidades inventadas. No están relacionadas con lo determinante para vivir una vida saludable. Hay que hacer las cosas por disfrute, no por obligación. La gente necesita de uno menos de lo que uno piensa. Lo que sí podemos hacer con los demás es hacerles ver que ellos tienen sus propias capacidades, sus fuerzas, sus propias responsabilidades sobre su vida.

Las decisiones que tomemos hoy determinarán lo que seremos mañana. Entones ante el dilema, hay dos opciones: lo hacemos o no, hablamos o no, actuamos o no, lo culminamos o no. Siempre es fascinante que si logramos desprendernos de obligaciones irracionales, podemos navegar en la vida por aguas nuevas, desconocidas pero interesantes y llenas de retos, que prometen un magnífico futuro. A veces estamos tan cerca del éxito y no nos damos cuenta. Nos acaricia. Nos invita. Nos cautiva. Pero nos negamos. Nuestros prejuicios, paradigmas y obligaciones sin sentido, nos apartan del camino para llegar a ser las personas más triunfadoras y más felices. Es que muchas veces los primeros en sabotear las mieles de nuestro devenir somos nosotros mismos. Porque la vida de cada uno de es una obra de arte, una escultura que vamos moldeando cada día. Somos los propios arquitectos de nuestro destino. Nadie puede hacer feliz a nadie. La felicidad es un estado mental en el que sólo uno mismo puede entrar o salir.

La felicidad se arraiga en la sencillez de uno mismo. La felicidad que depende de algo exterior a nosotros, sea personas, dinero, reputación, amigos o cualquier otra cosa, es efímera. Pero encontrar la dicha en el propio yo que se expande y trasciende es toparnos con la verdadera felicidad. No hagas depender tu felicidad de los demás. Ella está no el objeto, sino en la raíz del propio sujeto. No en el tú, sino en la base del yo.

Isaac Villamizar