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La imaginación de Rodríguez Torres

Rodríguez Torres, Ministro de Justicia y Paz. Imagen tomada de la Web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Rodríguez Torres, Ministro de Justicia y Paz. Imagen tomada de la Web; sin menoscabo de los derechos de su autor.
Ojalá y el general-ministro fuera tan creativo para combatir el hampa –por cierto, su principal responsabilidad como ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz–, como lo es para denunciar conspiraciones, golpes y magnicidios. De lo primero no se debe ocupar mucho, si nos atenemos a la explosión continuada de violencia criminal que asola al país. De hecho, el año y pico que lleva Rodríguez Torres como ministro ha sido uno de los peores en materia de inseguridad. Si no el peor del siglo XXI.

De lo segundo sí debe estar pendiente, porque una quincena sí y otra también, anuncia al país la develación de conjuras, intentonas y tentativas de desestabilización. Todavía se están esperando las evidencias serias de tantas y tantas denuncias, pero no importa, al general-ministro no parece interesarse por su credibilidad, al menos no como le interesa la represión. Porque de eso se trata el asunto: de denunciar primero para justificar las andanadas represivas.

Ahora mismo, el referido funcionario se encuentra dedicado a «desmontar» una especie de conspiración «omnibus», porque en ella estarían comprometidos desde dirigentes estudiantiles hasta paramilitares colombianos, pasando por parlamentarios gringos, alcaldes venezolanos, terroristas foráneos y, en fin, todo un caleidoscopio de lo que el discurso oficialista denomina los enemigos salidos imperio y sus lacayos criollos.

Una reacción fácil ante ello sería la burla. Pero resulta y pasa que a pesar de la falta de seriedad, o del exceso de chapucería, la cuestión no es tan cómica como trágica, porque de los respectivos expedientes salen persecuciones judiciales, arrestos ilegítimos, encarcelamientos arbitrarios y otros atropellos a los muy atropellados derechos humanos de los venezolanos.

Y no nos engañemos, la hegemonía quiere sofocar las protestas porque teme que, eventualmente, estas puedas extenderse por todo el tejido social y entonces la presión popular obligaría a cambios democráticos. Justo lo que el poder establecido no quiere en lo absoluto, porque lo suyo es el control despótico de todo lo que sea controlable.

Mientras tanto Rodríguez Torres ejecuta su parte en la escena de la imposición hegemónica. Y ojo, no falta quien argumente que estas “develaciones conspirativas” son un trapo rojo para desviar la atención sobre la verdadera conspiradera que hierve alrededor de Maduro y su entorno. Una de carácter interno, que se sustenta en las luchas endógenas del oficialismo y en la que participan muchos jerarcas, incluso dentro del propio “comando político-militar de la revolución”.

En todo caso, ojalá y la imaginación de Rodríguez Torres se pusiera al servicio de la lucha contra la inseguridad y el auge del hampa. Pero tal parece que no le quedara tiempo para ello, debido a sus afanes relacionados con el tema conspirativo…

Fernando Luis Egaña