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La muerte en vergatario

Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor, Andresborghi©
Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor, Andresborghi©

Los teléfonos celulares sirven hoy en día para muchas cosas: transmiten voz, datos e imágenes. Son vehículos electrónicos para el amor y la camaradería, para la felicitación prodigada y la noticia aciaga. Útiles para controlar a los hijos desde la distancia, prácticos a la hora de concertar la cita para el negocio o para convocar a los amigos a una rumba espontánea e imprevista.

Sin embargo, en Venezuela, el celular tiene también un uso macabro y perverso, no previsto por sus fabricantes ni descrito en los manuales de operación del difundido aparato. En nuestra Bolivariana Patria, el mentado adminículo revolucionario conocido como vergatario, también está, como todo el Proceso, al servicio de la muerte del escuálido, de la aniquilación del contrario, de la exterminación de la disidencia, a la obtención del polvo cósmico tan pregonado por el Comandante Sobreviviente.

Nuestros baratones vergatarios son así utilizados por sus dueños, para retratar al ladrón y al asesino, al secuestrador y a la víctima, pero sobre para registrar el momento mismo del asesinato, la posición del cadáver, las balas y su trayectoria, la sangre derramada y el asfalto manchado por el crimen irrefrenable: El vergatario bolivariano es un auxilio forense.

En nuestras barriadas y caminos, nuestros jóvenes, al caer de la tarde, se reúnen no para intercambiar cromos de los jugadores de la Copa Mundial, ni barajitas de los venezolanos en las Ligas Mayores, sino para – vergatario en mano – competir por ver quien sacó la mejor foto del asesinado esa tarde en las inmediaciones por un ajuste de cuentas, un atraco, un escuadrón de la muerte, o por una bala perdida en un enfrentamiento entre bandas, colectivos o sindicatos, por encontrase el inadvertido ciudadano en el sitio inadecuado en el momento más inoportuno de su vida.

Al caer la noche o al amanecer, en los crecientes barrios y ciudades sin ley, en las infinitas escaleras de nuestros suburbios citadinos, cada vez con mayor frecuencia se escucha la ya consabida frase:

¡Menor, muéstrame tu muerto para ver si te quedó mejor que el mío!

¡VERGATARIO, SOCIALISMO Y MUERTE!

¡MORIREMOS!

Enrique Viloria Vera